MENU

by • April 19, 2014 • ArticulosComments (0)1797

Telefonazo Macabro ( Mi Doctor)

 
 tras-las-rejas
Mi Doctor tuvo escrúpulos no tomaba todos los casos sin embargo asumió algunos que horrorizaban, antes de hacerse cargo de las defensas penales gustaba estar convencido de la inocencia de sus clientes, cuando estudiante de la facultad de derecho fue voluntario del consultorio jurídico gratuito que apoyaba detenidos sin auxilio , genta caída en desgracia que hasta sus propias familias daban la espalda, me comentó que la ropa que vestía cuando iba al voluntariado penitenciario adoptaba el color gris de los barrotes , el jersey se impregnaba del olor de las celdas , una mezcla de orines ácidos , pungentes, que provocaban dolores de cabeza e irritaban sus ojos.
Los rayos del sol no entran al panóptico prorrumpía mi doctor se quedan ante los portones, inmóviles, salvo algunas chispitas temerarias que se cuelan por las rendijas de los postigos , todo se vuelve obscuro; sombras tenues y tétricas deambulan misteriosas por los corrillos, detrás sus dueños con rostro de angustia; previo pasar a los “Centros de rehabilitación” mi doctor fue sometido a inevitables controles reglamentarios que empleados de la cárcel adelantaban con manos sucias y grasientas , espulgaban con ellas los bolsillos del traje, incluso en ocasiones pasaban las palmas por la entrepierna en busca de armas frías.
El caso de la venta de coches robados en el extranjero que se vendieron en la ciudad fue escandaloso, el principal sospechoso para desgracia del foro fue un juez penal, lo encontraron infraganti con documentos presuntamente adulterados, que justificaban la propiedad de los autos de dudosa procedencia, para colmo de males todo fue grabado por la televisión, la señoría fue arrestada, gritaba ante las cámaras con su vocecita aguda ser inocente, mascullaba que el crimen organizado le había tendido una trampa.
Los hermanos y sobrinos de la señoría enrejada visitaron a mi doctor en su oficina, uno a uno iban pasando, expusieron hechos en su favor, sin embargo éstos no querían defenderlo, circunstancia peculiar que recordaba a mí Doctor aquellos desventurados que amparó en las prácticas jurídicas de su mocedad, emergía al mismo tiempo en su corazón sentimientos de compasión por la Usía cuyo infortunio lo había conducido al presidio.
Las tres semanas siguientes a la detención del magistrado el timbre del celular de mi doctor atronaba impetuoso, yo como su asistente atendí varias llamadas, se trataba del juez que telefoneaba desde la cárcel, pedía hablar con mi jefe, él lo atendió, la conversación se constreñía a la oferta que mi doctor le hacía para visitarlo en la cárcel en aras de aceptar el caso, mi doctor se demoró mucho en tomar la decisión, no acababa de interesarle el asunto, no obstante que hubiera honorarios jugosos.
Mi doctor no pudo escabullirse de las llamadas, más aun que varios de sus colegas le pidieron defienda al juez engrillado, los mensajes del encarcelado copaban el buzón del móvil de mi doctor, el recado que dejaba el infortunado era siempre el mismo Doctor cuando viene – Doctor cuando viene, yo mismo hube de borrar del buzón al menos diez mensajes. Mi doctor ante la pertinaz insistencia, honrando el beneficio de la duda me dispuso que si ululaba una vez más el teléfono con otra llamada del juez enjuiciado, debía confirmar su presencia para el próximo viernes en las primeras horas de la mañana.
El último viernes de noviembre amaneció encapotado, la luz del día se resistía alumbrar la mañana, los pájaros dejaron de piar , sin embargo conforme acordamos la víspera mi doctor previo dirigirse a la cárcel pasó por mi casa para que lo acompañe a la visita penitenciaria, hubimos de arribar temprano a la cárcel ,eran las siete de la mañana, al llegar a la garita de los guardias nos identificamos, los policías y guías penitenciarios saludaron con respeto a mi doctor, él contestó el saludo con mayor cortesía , exhibió su credencial de abogado, yo hice lo propio, el gendarme que se encontraba al otro lado de la puerta cuyo postigo parecía más una ventanita pregunto : ¿ A qué interno vienen a visitar mi doctor? Mi doctor contestó con voz señera- Al señor juez de lo Penal que ha sido detenido por el caso de la venta de coches robados- el policía transfiguró su rostro, su rictus adoptó una mueca espantosa a un tiempo que abrió la puerta de ingreso a la cárcel con su dedo índice que temblaba como agujas de sismógrafo en pleno terremoto, señaló  al suelo donde yacía el cadáver de la señoría a quien habían asesinado una hora antes.
El día lunes en la oficina saludé a mi doctor con efusión, hube de preguntar si había descansado, mi doctor hizo un gesto siniestro para luego pedirme escuche el último mensaje que dejó el finado juez en el buzón de su teléfono celular, que por añadidura había timbrado el viernes muy entrada la noche:
“Mi Doctor me acaban de herir venga pronto me muero son las seis y cuarenta de la mañana”
Pablo Guerrero Martínez.
Praga-19 de abril-2014
 
 
 
 
 
 
 
tras-las-rejas
happy wheels

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

%d bloggers like this: