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by • July 16, 2014 • EnsayoComments (0)890

Sinuhé y el Código Financiero

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El gobierno del Ecuador por estos días asesta un golpe tenebroso a la banca privada y sus depositantes, mediante de una ley que paradójicamente lleva por título: “Código Orgánico Monetario y Financiero” El preámbulo de tal instrumento, exalta el determinismo histórico marxista (Aparentemente científico) de la eliminación de las clases sociales y, la instauración de un paraíso terrenal. En la exposición de motivos del nuevo código, contentivo de ideas fallidas, se advierte el trasunto utópico y totalitario del régimen, frases tales como: “Estado Burgués” “Cambio de las Relaciones de poder ““Sociedad sin clases Sociales” son señas inequívocas que ameritan tomar posición ante tamaño atropello.
Los usuarios del sistema bancario ecuatoriano (No todos) ante la nueva ley parecen autómatas, para ellos la nueva arquitectura financiera no obstante que mengua sus derechos, no les va ni les viene. A mí me ha recordado en principio a: “Sinuhé el médico egipcio” y su leal servidor: “kaptha” re inmortaltalizados por el escritor finlandés Mika Waltari, cuya pluma literalizó sus vidas derivada de un antiquísimo texto egipcio (A/C) intitulado: “Historia de Sinuhe”.

Cuando leí: “Sinuhé el Egipcio” de Waltari. Sentí un nudo ardiente, pétreo y lacerante en mi garganta, que no me dejaba respirar, después de las primeras cien páginas vinieron las sonrisas, lágrimas y uno que otro suspiro. En el personaje Sinuhé converge la embriaguez mental que suscita un mal amor y, la liberalización humana ante la aparente inmortalidad de los Dioses. Ladeado en ciertas líneas del libro, más de una vez se advierte referencias a la banca. Escuchemos a Sinuhé:

“A la gente obesa les daba drogas que calmaban sus dolores de estómago y les evitaba sofocarse. Les vendía estos remedios muy caros; a cada cual según su fortuna, y no tuve conflicto con nadie porque hacía regalos a los médicos y a las autoridades, y Kaptha cantaba mis alabanzas y albergaba en mi casa a mendigos y narradores a fin de que proclamasen mi fama por las calles y plazas con objeto que mi nombre no naufragase en el olvido.
Ganaba bastante, y el oro que no utilizaba para mí o para hacer regalos lo depositaba en las casas de comercio de Simyra que mandaba navíos a Egipto, a las islas del mar y al país de Khatti, de manera que poseía partes de navíos, tan pronto una centésima parte, tan pronto cinco centésimas, según el estado de mis finanzas. Algunos navíos no regresaban jamás a puerto, pero la mayor parte volvían y mi cuenta en los registros de las compañías se doblaba o triplicaba. Tal era la costumbre en Simyra, desconocida en Egipto, porque se juntaban quince o veinte para comprar una participación de una milésima de navío o cargamento. Así no tenía que guardar mi oro en mi casa, porque atrae a los ladrones y bandidos y, todo mi oro estaba inscrito en los registros de las compañías, de manera que cuando iba a Biblos o Sidón a cuidar algún enfermo, no tenía necesidad de llevarme oro y la compañía me entregaba una tabilla de arcilla y a su presentación las compañías de Biblos o Sidón me entregaban oro si lo necesitaba o quería hacer alguna compra…”

El texto transcrito esboza dos instituciones jurídicas que subyacen en toda relación bancaria, que son el contrato de depósito y de mandato. El primero dice relación al hecho que una persona confía a otra el cuidado de sus bienes, dentro del cual se halla el dinero con el propósito que se los cuide y se los restituya y, la segunda el mandato, esto es el encargo que una persona hace a otra para que realice algo en su nombre y representación. Lo traigo a recordación en virtud que ese vínculo desde que el mundo es mundo, dentro del contexto de la banca se dio entre particulares, sin la concurrencia del Estado, salvo en las economías centralmente planificadas, socialistas y por tal totalitarias.

Si el médico egipcio Sinuhé viviera en el Ecuador de la mal llamada: “Revolución Ciudadana” sufriría un sincope ante el Código Financiero que adelanta el castro-correismo, toda vez que ya no tendría la Libertad de invertir a su leal saber y entender sus depósitos, sino al sesgado comprender de los burócratas del régimen, so pretexto que ellos, están más capacitados que los dueños del dinero y los depositarios banqueros para decir donde, como, cuando y a quien hay que prestarle el dinero ajeno. Sinuhe nos diría ni en la viejas Siria y Egipto los gobernantes y faraones estaban autorizados por sus pueblos a manejar sus ahorros.

Las economías centralmente planificadas invariablemente fracasaron. La información de los mercados no puede físicamente procesarse en el gobierno, pues son millones de millones de negocios los que se expanden en la sociedad conforme lo dijo Von Hayek. Controlar la banca privada para los fines de una economía socialista es la antesala del caos marxista.

Dr. Pablo Guerrero Martínez.
Praga desde el exilio
16 de julio del 2014

 
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