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by • February 6, 2014 • RelatoComments (0)563

Sílfides

El otoño me cayó fresco también las hojas ocres de los arboles cuyo rojo tímido pintaban las callejas, ráfagas de viento soportablemente frías entraban por mis ternillas como esas voces de una lengua extraña que hipnotizaban mis pasos, por las callecitas de adoquines breves mi sombra se hendía en una atmosfera liviana, no eran cantos de sirena fueron sílfides traviesas, iridiscentes, volaban sobre el castillo, aladas levitaban , aladas donde me hallaba venían escoltadas por luciérnagas en cuyas alas había polvo de estrellas; abrían el paso a los viandantes de todas las razas y lenguas, del fondo aparecieron tres violines sus efes y clavijas brillaban, a los instrumentos los arropaban con sus angulosos brazos tres viejecillas sobre los cuales se posaron agiles las sílfides, en sus cuerdas arrullaban sus almas: cuerdas: enternecedoras, vibrantes, armónicas que por el pulso y presión de los dedos rugosos de las ancianas alegres respiraban. Sobre los hilos mágicos de los violines se disolvía lo efímero, por encima de las violinistas vi un letrero que rezaba: Museo del Terror-. Los caminantes se detuvieron, incluso los recolectores de basura frenaron a sus pequeños coches, el susurro de los violines a todos nos suspendía sobre el tiempo; el canto de las sílfides nos detuvo; al terminar el rondo muy alegre descendió sobre las cabezas de los curiosos una espesa nube de rosas cuyos pétalos se quedaron en las cruces a un tiempo ue yo me quedaba en el exilio.

Praga 2011

En el exilio.

happy wheels

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