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Siga para atras

by • September 3, 2014 • RelatoComments (0)1568

Siga para Atrás

Siga para atras
El catzo verde embalsamado sobre la palanca de cambios miró con sus ojos lilas la mano grasienta del chofer. El conductor pasó las marchas de tercera a cuarta, la vieja buseta sonó que era un contento. Me dio la impresión que se desarmó. El motor resopló agonizante a un tiempo que los gritos destemplados como gatos apareándose de un joven inundaron el interior del “Tejar-América”: Siga para atrás- siga para atrás. Chillaba.

La línea de bus Tejar- América hacía el recorrido que me llevaba desde cerca de casa a la Universidad. Llegar a la parada me tomaba diez y seis minutos a pie. Después venía la espera hasta que pase la buseta. Antes venían otras atiborradas de pasajeros colgados de la puerta. No había parada .Estaba a la buena voluntad que el chofer detuviese la marcha del automotor para entrar al bus. Lo hacía recibiendo y dando codazos. Cuando estaba de buena suerte encontraba un asiento previo a introducirme por el angosto pasillo de la unidad. Encorvaba mi espalda para evitar que mi cabeza rozase el techo del bus; este se hallaba cubierto con una alfombra de cerdas puntiagudas de colores grandilocuentes: rojo y verde. Allí piojos y pulgas saltaban otros hacían el amor.

Siga para atrás siga para atrás espetaba con voz de mando el muchacho, lo hacía como si dentro de la buseta habrían podido caber mil personas. El chico hacía su oficio con responsabilidad, era menudo, su piel color de tierra húmeda contrastaba con los tres cardenales ocres que tenía como pecas en sus mejillas coloradas. No se cansaba de prorrumpir: Siga para atrás. Los pasajeros dóciles criaturas dignas de mejor suerte seguían para atrás. Amontonándose al fondo del bus. El automotor perdía su centro de gravedad por la cantidad de gente que seguía para atrás.

El tejar América era un laboratorio social, no solo una línea bus cualquiera, Allí junto con los gritos destemplados del siga para atrás. Viajaban hombres de la construcción, bien peinados como si la línea de su cabellera la hubiesen hecho con plomada y nivel. Sus miradas de dignidad y trabajo se entreveraban con los olores a lujuria que emergían envolventes de los muslos de las chicas de la vida. En lo portafolios brillosos de los burócratas que iban a los ministerios se reflejaban las voces de las beatas que, regresaban de misa de cinco. Sus chismes flotaban por el ambiente.

El Siga para tras llegaba al colmo de honrar su trabajo. Con sus manos y pies como ventosa marina se agarraba de las ventanas por fuera del autobús y, mascullaba abriendo su boca: Siga para atrás. Con la una mano pegada a la carrocería externa de la buseta. Se adhería como calcomanía con la otra indicaba a los pasajeros que debían seguir para atrás. Su mirada era sincera con ella asentía a los vendedores ambulantes, otros como el que, que ingresasen al bus a vender caramelos tabacos y más.

El periplo urbano desde mi barrio a la facultad de Derecho tomaba cuarenta y cinco minutos. Me gustaba calcular los tiempo para no llegar tarde a clases, sin embargo un día de octubre frio y lluvioso, el recorrido habría de demorarse más, la razón Siga para Atrás no fue a trabajar. Su ausencia produjo caos en el bus, nadie seguía para atrás, los pasajeros se demoraban en descender de la buseta. ¡Oh! Cuanta falta hizo el buen joven: Siga para Atrás. Ese día llegue tarde a Derecho Civil. Con suavidad toqué la provecta puerta del aula. Salió el profesor adusto y molesto. Dije: Disculpas puedo pasar. El catedrático me auscultó y viéndome a los ojos con voz carrasposa contesto: Siga para atrás.

Pablo Guerrero Martínez.

 
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