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by • April 14, 2014 • RelatoComments (0)1126

Mi Doctor

Mi Doctor

La virgen del panecillo voló le quitaron la montañita sobre la cual reposa, levitaba alada, taciturna, así la vio mi doctor desde el pulpito de la Basílica del Voto Nacional, por el rosetón gótico  la miró, ese hueco circular  deja ver él Quito Colonial  derramándose sobrio y monumental  por sobre  las quebradas.  Acércate me dijo, sube al pulpito no seas tímido musitó,  me cedió su puesto ante la mirada aquiescente  del Defensor del Vínculo cuyo hábito negro y alza cuello blanco  lo hacían ver adusto.

 Los rayos del sol pegaban recios  sobre las alas de la virgen, chamuscándolas,  detrás emergía del suelo rugoso un arcoíris  de siete colores  hacia el  cielo azul,  arropando   las calles;  dos semanas antes visité  a mi doctor, el abogado no era católico sin embargo me daba confianza, le planteé mi caso, mi esposa me demandó la anulación del matrimonio eclesiástico, yo no quiero anular mi boda espeté al jurista.

La demanda incoada en mi contra decía que la anulación se basaba en la incapacidad que yo acusaba  para asumir  las obligaciones esenciales del matrimonio, por razones psíquicas  ¿Qué hay de cierto? Manifestó  mi doctor, tengo tres hijos, todos comen  y las sabanas creen  que  aún envuelven la pasión. El abogado luego me inquirió: ¿tiene problemas psíquicos? Suelo deprimirme, tengo ataques de pánico, agorafobia,  a los tres años de casado empezó este martirio, tomo medicamentos, pero tal situación no me impide ser un buen y cabal esposo.

Mi doctor debo decirle además que la familia de mi conyugue  es muy influyente dentro de la Iglesia Católica Apostólica  y Romana,  sospecho que ella me es infiel y  desea contraer nuevas nupcias con el presunto   adultero que, se halla casado con la prima hermana  de mi consorte,  para más señas es él  solista barítono  del coro de la parroquia de Cumbayork, canta ufano él :   “Como no creer en Dios que me ha dado la mujer que amo”  a ¡carajo! concluyó mi doctor, no es justo que me lo traten así.

Los ojos vivaces del abogado se quedaron perplejos como si  estarían  en otro lugar, se hendían profundo en su rostro,  me dio  miedo, sin embargo le pregunté ¿le ocurre algo mi doctor?  Me quedó viendo inequívoco  a mis retinas,  prorrumpió  con voz  grave y señera, usted esta poseso no deprimido,  esta endemoniado no deprimido, luego explico. Es deber de la iglesia católica luchar contra el maligno, si su esposa comprueba que usted toma pastillas para alterar su sistema nervioso central, tendría justificada la causal de anulación, más aún si el Psiquiatra testifica en su contra, al contrario si usted prueba que se encuentra poseído la iglesia no podría anular su vinculo toda vez que estaría llamada a defenderlo de Satanás.

El abogado previo a tomar el caso pidió le consiga mi historia clínica, además hizo patente su interés por reunirse   con mi médico psiquiatra, a un tiempo que me requirió le provea la mayor cantidad de fotografías de la boda.

El consultorio del psiquiatra Dr. Roberto Clavijo era un lugar obscuro, húmedo,  todos los desordenes mentales pululaban alegres en la antesala, antes de ingresar mi doctor abogado me averiguó  que persona me había recomendado al psiquiatra, contesté mi madre, a quien trata de un shock postraumático que apreció después de su cuarto divorcio, el abogado estrechó la mano macilenta del Dr. Clavijo  luego preguntó si: ¿ a su criterio mi padecimiento tenía cura? el facultativo enarcando sus cejas mascullo que no, todo quedó registrado en el esfero video grabadora que mi abogado tenía metido en el bolsillo exterior de su traje, incluso yo le pedí  a Clavijo confiera un certificado en tal sentido, accedió luego  que pague mil dólares.

Las fotografías del casorio exponían la felicidad de los esposos, no lo veo loco me comentó mi doctor,  al contrario  lo aprecio cuerdo, una vez llegada la audiencia con las autoridades religiosas mi doctor pidió formalmente la intervención de un perito sacerdote exorcista, a efectos que determine si me encontraba endemoniado.

La iglesia  accedió, designó al Padre jesuita Ludovico para que me practique el exorcismo, fui en compañía de mi doctor a su laboratorio, el sacerdote tenía barbas largas,  sus manos temblaban, prorrumpió en latín: “Satanae permissum estin hoc uno  fuera Satanás deja tranquilo  a este hombre, yo entre en trance conforme me refirió mi doctor, quien al igual que otros escuchó al demonio decir

a través de mi boca que la  diabla era mi esposa.

Dr. Pablo Guerrero Martínez

Praga desde el exilio.

14 de abril-2014

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