MENU
54874100 colegio spejo h

by • April 15, 2014 • RelatoComments (0)737

Mi Doctor (El marino mercante)

 
54874100 colegio spejo hLos rayos del sol dejaban que las sombras de las rejas del Colegio Femenino Espejo se cuelen traviesas dentro del corredor, ese pasillo largo y angosto que conducía hacia las oficinas de mi doctor vio muchos caras . Mi primo el viejo Jorge fue su empleado hizo de todo: Seguridad, limpieza también se las dio de licenciado, sin embargo su pasión fueron las mascaras. Las elaboraba con papel periódico y yeso a mi me gustaba el carácter de sus caretas ya que ninguna se repetía. Esbozaban: sonrisas, tristezas y no se parecían entre sí . Mi pariente se inspiraba en los rostros atribulados que llegaban al despacho.
 
 Lo visité un viernes de agosto era de noche pasada las siete y las sombras ya se habían retirado. Salvo la mía que se hallaba más pesada que de costumbre, tan obesa estaba que mis rodillas crujían a cada paso sin embargo llegué. Jorge me recibió   no me esperaba me sonrió pensando lo llevaría de copas. Hola primo prorrumpió George luego dijo:- termino de recoger estos papeles y nos vamos – no primo contesté quiero hacer una consulta a tu doctor.Preséntamelo por favor, ok replicó a un tiempo que me condujo ante su presencia. El doctor tenía el pelo largo , despeinado y límpido, vestía traje azul , cinco libros regordetes abiertos sobre su escritorio daban atmosfera de estudio.  No se percató de nuestra presencia y seguía en lo suyo transido y elevado, Subrayando líneas en los volúmenes añejos del derecho.
Doctor disculpe la interrupción quiero presentarle a mi primo. Jorge balbució y  desea consultarle. Una vez presentados y mientras Jorge siguió en lo suyo comenté al joven abogado que a mi amigo Arturo su esposa le puso cuernos. Tan grandes y pesados que mi colega marino caminaba viendo al suelo. Luego de la traición no tuvo ojos para mirar al cielo y espeté además que la infidelidad de su esposa también fue su culpa. El  oficio de navegante nos obliga a  estar fuera de casa por largos periodos.
El adulterio se veía venir ya que mi amigo pasaba de puerto en puerto. Su mujer fue mulata heredó lo mejor de las dos razas. Tenía dos piernas que salían de su cuello, torneadas, sus senos grávidos y redondos eran firmes, sus nalgas gozaban de buena presencia , su cara angelical era fina y  se erguía sobre un cuello delgado y elegante, fue simpática y se hallaba en edad de merecer. Arturo cometió un gran error al descuidar pedazo de hembra sin embargo las circunstancias se imponían a su amorpues tenía que trabajar, y llevar el pan a su casa. Nunca faltó nada y tampoco sobraba. Salvo el amante de la morena que para desgracia de Arturo era vecino del barrio y cuyo oficio de músico por añadidura lo hacían irresistible a las mujeres.
Arturo supo del adulterio por la propia boca de su mulata. lla le reclamaba que deje el mar y que lo amaba pese acostarse con el tenor popular de la orquesta de cumbias. Arturo había crecido entre sirenas y tritones con olas y espuma. Su rostro salino y curtido emanaban reciedumbre y mundo. o sabía más que de anclas, proas y esloras y pensó que lo de su mujer  era una cana al viento. Toleró con su alma hecha jirones empero de los devaneos de su consorte abrigó la esperanza de encontrar trabajo en la ciudad. Mala cosa para un marino dejar la mar. Tan grave como para el viejo halcón que herido de mal de amores ya no recala al cielo.
Arturo rentó un cuarto cutre cerca de la casa donde vivía su familia . Cuando llegaba a Quito luego de  extenuantes viajes por los siete mares inequívoco se dirigía al hogar, sin embargo la infiel con hiriente sinceridad a flor de labios develaba su relación extra marital, por ello el refugio de mi amigo mi doctor. La semana pasada Arturo llevó a su mujer al cuarto previo a encargar los hijos a la abuela paterna, que sospechaba del hecho. Al llegar a la pieza el marino destapó una botella de vino de lejanas tierras y dejó caer la vid sobre dos copas. Los vapores espirituosos hicieron lo suyo, la mulata estaba más bella que de costumbre y paso lo que tenía que pasar- la prueba infamante que todo hombre traicionado en vías de reconquista de su amada debe acometer con su mujer. Hacer el amor mejor que lo hace su amante- la testosterona del marino rebosaba de júbilo. Una vez desvestidos y sobre la cama en pleno coito ella borrachita por el vino mascullo: “ Mi cantante me culea mejor que tu”. Arturo llevado por una fuerza extraña e irresistible la tomó con sus gruesas manos por el cuello y despacio la ahorcó mientras los ojos claros de su mujer saltaban como canguil de sus cuencas . Litros de saliva espumosa brotaban por las comisuras de sus labios.
Mi doctor no pestañaba prestaba mucha atención a mis palabras. Arturo al ver que su mujer no respiraba se dio contra las paredes y arrojó el vino sobre la cara angelical del cadáver que de a poco adoptaba la rigidez de la muerte. Tomó el cuerpo inerte aun tibio y lo cargó como si se tratase de un borracho que no puede caminar. Salió hacia la calle y arrojó la muerta en un terreno baldío.
Mi doctor con su mano derecha tomó el Código Penal hizo el ademan de abrirlo, no obstante me dijo continué por favor. Hube de proseguir. Como le decía mi doctor Arturo regreso al cuartucho y del velador de su cama sacó un revólver. Colocó el cañón sobre su sien y con la mano temblorosa descerrajo un disparo sin embargo a último instante desistió del suicidio, movio la mano o quién sabe Dios se hizo presente.
Mi doctor que no se perdía ni una silaba que salía de mi boca me preguntó con grandilocuencia: ¿Porque que tiene la sien roja e inflamada? ¿Es Usted Arturo el marino mercante? Conteste- Si -soy Arturo mi doctor- Carajo! Grito el jurista, miré azorado al suelo mientras una hemorragia de lagrimas me impedían ver- la maté hace una hora mi doctor, ayúdeme por favor ayúdeme.
Mi doctor el cadáver de mi mulata será devorado por las ratas ¿Que hago mi doctor que hago? Repetí alterado, el abogado buscaba la respuesta en el Código y manifestó que mi caso no es propio de la legítima defensa del honor conyugal, es un homicidio. Quiero entregarme prorrumpí, empero mi doctor me dijo: ¿Y sus hijos? ¿De qué van a vivir? La abuela los puede mantener? No gimoteando contesté.
Mi doctor luego de hablar de la libertad, así como del error que cometí. Me convenció que escape, su argumento era irrefutable. El bienestar de mis hijos me obligó a huir.
El abogado cuando llegó después de absolver tremenda consulta a su hogar no prodigó el abrazo acostumbrado a su mujer y pasó raudo al baño para tomar una ducha, quería limpiarse  las malas vibras. Tamaña escenita le armó su esposa quien le dijó que el baño obedecía a deprenderse del olor de su amante y no entendía razones  peor la historia de Arturo que  calificó de coartada .
A los seis meses de la visita de Arturo, en un día lluvioso de febrero Jorge su primo entró al despacho del doctor. Llevaba en sus manos la máscara con el rostro de Arturo. Del ojo derecho de la careta brotaban lagrimas que rodaban tristes por la mejilla izquierda de la careta. Entregó su obra de arte  al abogado y espetó sollozando: gracias yo se que usted le recomendó al primo Arturo escape se lo hizo de buena fe. Gracias prorrumpió Jorge nuevamente, a un tiempo que depositó la máscara en los brazos del jurista. George con voz tétrica lego manifestó: Arturo se suicidó anoche se arrojó al mar mi doctor.
Dr. Pablo Guerrero Martínez
Praga-15 de abril-2014
happy wheels

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

%d bloggers like this: