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by • January 21, 2014 • PoesiaComments (0)544

Las Campanas Aún Suenan

Las campanas dejaron de repicar no así el latir de su corazón que transido de ilusión le recordaron que  tenía derecho amar. Tarquino decía- Yo sí creo en el amor pero él no me cree- También decía ser más serio que tímido. Almudena Abrisqueta  dijo Tarquino  – Tu sí que me ves de frente- él viendo a sus ojos de frente contestó. Son tus cejas que me hechizan no mis ojos que os contemplan. Hizo una pausa, suspiró, luego espetó. Los poetas han cantado al rostro de la mujer, sus ojos y boca sin embargo que yo sepa nada han dicho de sus cejas. Las cejas de Almudena sonrieron él sonrió

Las cejas de Almudena daban a su rostro áureo un  brillo especial. Su piel era tan fresca como pálida y sus cejas tan obscuras como anchas su  voz  suavecita hipnotizaba a Tarquino. Él oía sus palabras no perdía los detalles. El ritmo del dialogo parecía el ritmo de un buen verso, la voz grave, seca y taciturna de Tarquino callaban cuando la voz liviana, húmeda y alegre de Almudena sobria y cálida emergía

Almudena y Tarquino han quedado  a las seis para un café. Él llegó primero se personó en el corredor de entrada, aplazó su paraguas, cuando sintió por detrás  que  leve y alada Almudena pasó la dejó subir no la interrumpió.  Las  gradas del Café  Louvre de la bella Praga se abrieron de par en par  Tarquino por ellas sus pasos apuró; del fondo del salón rococó los pasos pausados de ella flotaban hacia él.- Almudena le ha saludado, vestía  con frugalidad y moderación, su boca fresca espetó un- hola- brillante e iluminado que a Tarquino deslumbraron

La atmosfera de la cafetería praguense con sus colores ni pálidos ni chillones  lámparas de alabastro, ventanas grandes, salones y pasillos recorridos por camareros vestidos de negro parecerían  una peli de la segunda guerra mundial. El ambiente  conspiraba con la pareja cuyo encuentro  inicial habrían de quedar burilado en la memoria de Tarquino; quien al sentir el alma prístina  de su invitada, abrió la suya y se dejó conocer sin doblez ni duplicidad. El motivo del encuentro fue literario y creativo.  Tarquino quería concitar él interés de Almudena cineasta de profesión para que sus  relatos breves se desdoblen en la pantalla digital

Almudena Abrisqueta con sus blancas y plásticas manos abrió la cremallera de su cartera de ella extrajo la impresión de un relato de Tarqui y sin más vueltas leyó:

Me gusta el metro de Praga bajar al metro es como subir al cielo , las mujeres son bellas como diosas, las diosas  están en el cielo, pero aquí  debajo  es como estar en  las nubes con ellas, todo está ordenado, no caminan me parece que flotan, son aladas, grandes ,espigadas, sus piernas  largas sostienen sus glúteos redondos y firmes , sonríen, siempre o casi siempre sonríen, las gradas eléctricas que descienden a las plataformas dentro de las estaciones parecen interminables, cuando camino por las estaciones del metro de Praga me gusta oír los tacos de las botas que usan las mujeres en Praga , cuando escucho las pisadas adivino que tipo de mujer va sobre los tacos,  hay pisadas livianas menos livianas, adustas , sobrias ,rápidas, cadenciosas, jóvenes , maduras, casi no me equivoco, incluso logro saber  la edad de los pies que habitan las botas

Tarquino al escuchar su relato guardo silencio de principio a fin. El  tonillo vasco español de Almudena hacían más sensuales sus palabras-  El relatista  como elevado más que por su relato por la magia de la voz de Almudena descendió alumbrado ante el me gusta que brotó  sincero de su delicada boca…

Pablo Guerrero Martínez

Praga 21 de enero 2014

 

 

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