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Pelea de gallos

by • September 1, 2014 • RelatoComments (1)3300

Kikiri Miau

Pelea de gallos
La vieja jaula de madera descolorida, rustica y descomunal exhalaba sonidos, a un tiempo que los gallos de pelea dentro de ella cantaban alegres también tristes. Seis aves cuyas plumas rojinegras habían bruñido los crepúsculos tarareaban por las mañanas por las noches roncaban.
 
La antigua jaula fue llevada desde la finca a la nueva casa en la ciudad. Aníbal el criador de gallos se la trajo a Quito. Juan su pequeño sobrino que no había cumplidos diez le ayudaba en tales asuntos. Entrenar gallos de pelea es un arte y un crimen decía Aníbal  adoptando su cara expresión profética. Cuando terminaba de soplar con su boca alcohol sobre las heridas abiertas de los gallos, sus ojos pequeños y vidriosos se extraviaban recordando amores fallidos que, de por vida lo dejaron soltero. Por cada trago de anís que el gallero pasaba por su boca la mitad quedaba en su garganta la otra en su alma.
 
El pequeño Juan aprendió a poner las espuelas de carey en la uñas calludas de los gallos, también a tomarlos con sus manos para hacerlos bailar sobre sus patas en la tierra. Salían chispas del suelo. Después tomaba por el pecho a los bípedos con sus tiernos dedos y, los arrojaba hacia el aire. Los gallos sonreían y picoteaban, mientras gotitas de arcoíris descendían posándose sobre las mejillas de Juan.
 
Kikiri Miau no fue un gallo cualquiera tuvo la velocidad de un gato así como la adustez y el coraje de su raza, para más señas fue tuerto del ojo derecho. Había perdido su pupila y retina en el Coliseo de Gallos: El Gallazo. El espolonazo que recibió de su contrincante: Súper Culimbo lo dejo tuerto, empero su rival llevó la peor parte, pues cuando la hemorragia de sangre salía a chorros como geiser del malogrado ojo diestro de Kikiri Miau. Inundándose la arena de rojo llegando la sangre hasta las rodillas de los galleros. Kikiri Miau balbució medio muerto: Kikirkii- Kikiriki- Kikiriki. La tesitura de su agónica voz recorrió el coliseo de arriba abajo, los espectadores se quedaron fríos y pétreos. Kikiri Miau se irguió sobre sus patas dando un salto. Se elevó seis palmas sobre la arenisca teñida de sangre y, con sus espuelas asestó inequívoco al buche de Culimbo un golpe mortal. Culimbo murió de contado no a plazos.  La gente lloraba en el palenque otros cobraron sus apuestas.

 
La recuperación de Kikiri Miau fue lenta. Aníbal y Juan lo cuidaron día y de noche. Con una jeringuilla depositaban glucosa en su pico. El ojo purulento lo lavaban con agua de rosas y después sobre la herida esparcían: yodo, sales, antibióticos. Kikiri Miau vivió para contarlo a sus hijos. Sin embargo después de salir del trance quedó mal de la cabeza. Enloqueció temerariamente. Atacaba cualquier sombra humana o animal que se le acercaba, salvo lo de sus protectores y amigos Aníbal y Juan.La crueldad de los niños es tan cierta como su inocencia que desparece solo con el divorcio y bien entrado los años. Juanito tuvo un vecino de su misma edad: Ricardito cuya peculiar mascota era un gallo de engorde. La complexión del ave era obesa, de lo gordo que estaba el gallito de Ricardo ya no podía caminar, sus plumas blancas y marmóreas brillaban por el talco que su amo untaba copiosamente sobre sus plumas. Ricardo alardeaba ante los amigos que los gallos de Juan eran: flacos, desnutridos, famélicos, feos y, que éstos no aguantarían una pelea contra el gallito gordo y corpulento de Ricardito, cuyo nombre era Bobby, el Gallo Bobby de Ricardito.Ricardo insistió una y otra vez para propiciar la pelea. Juanito prefería el futbol y las canicas. No obstante su vecino insistía e insistía sin lograr del pequeño Juan la pelea. Ricardo un día de agosto prorrumpió dirigiéndose a Juan: “No quieres que tu gallo flaco y desnutrido pelee con mi Bobby porque es una gallina igual que tu”

El coro de los niños no se hizo esperar. Comenzaron sus gritos: “Gallina- Gallina- Gallina” Juanito accedió. Se concertó la pelea para el sábado entrante en el parque. El día esperado al fin habría de llegar. Bobby llegó puesto una camiseta pequeñita sobre sus turgentes pechos que decía campeón. Kikiriki Miau arribó desnudo dentro de una maleta llena de huecos. Los chicos pactaron la pelea a doce asaltos.

Los niños no pestañaban. Ricardo tomó a su voluminoso gallo de engorde con sus manos. Juan hizo lo propio a la voz de tres arrojaron las aves al suelo. Bobby trató de huir de solo ver Kikiri Miau sin embargo el tuerto como de costumbre con sus espuelas desgarró la cresta y después de tres picotazos arrancó con su pico el corazón de Bobby. Ricardito montó en rabia y con sus lágrimas aún rodando por sus mejillas se abalanzó contra Kikiri Miau para ahorcarlo con sus manos. Kikiri Miau espetó: Kikiriki- Kiirikíki -Kikirikí y saltó como nunca antes. Blandió sus espuelas como un loco y cual rayo poseído por el demonio arrancó los ojos llorosos de Ricardo.

Pablo Guerrero Martínez

happy wheels

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One Response to Kikiri Miau

  1. Luis says:

    Excelente articulo amigo me parecio interesante la historia, yo no entiendo porque hay gente que no estas de acuerdo con las peleas de gallos si mas bien es parte de nuestra cultura ya que existen desde hace mas de 2000 años, solo por agregar un pequeños aporte los galleros somos gente responsable ya queel trabajo de la crianza de pollos de pelea es demasiado lo que se hace, pero vale la pena cuando te toca ver a tus animales ganar

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