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by • February 10, 2014 • RelatoComments (0)2823

El Espabilado

Solo hablaban de sexo todo el día la noche lo soñaban  no eran viejos verdes estaban  adolecentes, sus hormonas explotaban como rayos fosforescentes;  fueron grandes amigos por añadidura compañeros en el  colegio, uno de pago y mixto que hizo época funcionó en un local que algún día había sido   un club campestre. La piscina era el epicentro de los chicos también de la vida colegial  las clases de natación eran  esperadas con  inocultable ansiedad , los vientres de sus compañeras estaban planos sus piernas tostadas sus senos firmes, ellos no tenían porte atlético bebían cerveza a lo bestia se los veía algo ventrudos, se creían inmortales eran siete jovencillos avocados a descubrir la vida, hacían gala de haber tenido relaciones sexuales, se mentían , alardeaban de experiencias forjadas solo en su pueril imaginación; salvo dos de los siete que eran espabilados cuyas  inocencias las habían perdido  en la costa pacífica dentro de un lupanar de mala muerte

 El inspector del colegio siempre vestía trajes obscuros de casimir grueso, sudaba como  tapa de olla, copiosamente, las gotas de sudor caían en las esquelas de papel  que remitía a los padres de familia,  era huraño sus ojos se hundían profundo dentro de su cara testaruda, la solapa de sus sacos  siempre  estaban llenas de caspa y el olor de sus axilas era pungente. Franklin el inspector del colegio tenía la fijación de impedir que haya parejas de enamorados,  si alguna ocasión los veía  tomados de las manos  los regañaba , si reincidían incluso los expulsaba por una semana ; en tales circunstancias era muy difícil que un muchacho se inicie en la vida sexual y peor con una virgen, hacerlo  era un  milagro, el sexo era un fin no un medio; a la vuelta del plantel había una sala de billar cutre, obscura con mesas apañadas con manteles de plástico de colores chillones,  las mesas eran cojas las equilibraban  colocando debajo  de sus patas tillos de gaseosas , en las paredes  del bar : “ Nuestro Juramento” de  Don Angelito sus empleados  colgaban calendarios de mujeres  casi en cueros Ángel vendía las cervezas frías un sucre más caras que las al clima,  cuyo olor y temperatura era exactos al de la orina.

 El colegio Marcel Proust quedaba lejos de las casas de sus estudiantes antes funcionaba en la ciudad luego en las afueras de las afueras; llegar al instituto tomaba una hora en el bus amarillo de la escuela, en la esquina más cercana al colegio los buses previo a llegar, uno a uno ,detenían  su marcha, los estudiantes se apostaban en las ventanas   de los ómnibus como gallinas sacando  la mitad de sus cuerpos para comprar  periódicos ; Franklin el inspector mal oliente decía con orgullo  : que juventud tan interesada en el acontecer nacional, sin embargo no sabía que dentro del rollo de los diarios el voceador  les pasaba  paquetes de ganga .

 Samuel uno de los siete amigos fue apodado Calmito su temperamento era aburridamente  regular los pelos de su cabeza parecían una piña en vías de putrefacción , su nariz chata contrastaba debajo de sus ojos rasgados flaco, reflexivo, era el más conservador y religioso  del grupo  había nacido viejo, su madurez llegaba al paroxismo nunca hizo gala de ser súper macho, cansado ya de masturbarse acudió ante uno de los espabilados en busca de asesoría Juan él avispado tenía cara de bandido sus amigos lo motejaron del chuchas, no porque su cara hubiese tenido facha de vagina sino por su actitud, era un chuchas- no puedo más me hago la paja siete veces diarias estoy harto quiero sexo real le dijo  Calmito al  chuchas -luego espetó necesito una mujer- Juan lo escuchaba con arzobispal atención  a un tiempo que lo entendía, guardó silencio y le dijo mi amigo no eres el único: José Elías, Matías, Lorenzo, Rodrigo, Leopoldo están en las mismas,  necesitamos  servicios  profesionales .

El segundo jueves de abril el grupo de amigos  resolvió en el Bar de Ángel: “Nuestro Juramento”  irse de putas, todos eran menores de edad aquello no era un problema   frente al grado de excitación que acusaban nuestro jóvenes; que se hallaban arrechos y en edad de merecer -Lorenzo espetaba que: Él arrecho nunca muere y si muere muere arrecho. Don Ángel del Billar les había tomado cariño no pudo sustraerse de los planes que escuchaba de la boca los jóvenes; ideaban cada tontera para aparentar ser adultos que de verdad le preocupó,  usemos bigotes postizos, suplantáremos las identidades de gente mayor decían con un candor digno de espanto. Ángel prorrumpió tranquilos guambras yo les recomiendo con mi amiga Madame Hortensia, hizo una llamada telefónica y todo estuvo listo  para que los jóvenes; presas del deseo desahoguen la bestia en el cabaret llamado  él: “Polvo Andino”

El Polvo Andino quedaba aún más lejos del colegio -fuera de las afueras de las afueras-  los guambras se conchabaron para decir en sus casas que luego del cole tenían un partido de futbol y después una fiesta ,hicieron tiempo en el bar de Ángel bebiendo  aguardiente y algo más , querían tomar fuerzas para lo que se les venía, se chumaron un pelito, excepto Calmito que conducía un coche de la fábrica de confecciones de sus padres;  desde el carro y a lo lejos ya bien  entrada la noche avistaron una luz roja que entre desmayada y aturdida titilaba dentro de una casa de adobe antigua, habían al fin llegado al cabaret, el patio estaba infestado de taxis, los taxistas al verlos llegar  se rieron burlonamente; nada detuvo  a los arrechos, al ingresar al sagrado recinto consagrado al placer, apercibieron   un olor concentrado e intenso a  palo santo que se coló por sus ternillas  los dejó Hipnotizados  , detrás del vaho apareció madame Hortensita, rechoncha, sobre su cara tenía un kilo de maquillaje, su pelo tenía churos rubios a la fuerza; bienvenidos prorrumpió los estaba esperando primero lo primero tienen que pagar balbuceo sonriendo con su diente de oro que deslumbro a los arrechos, cada uno saco de sus bolsillos lo acordado con Ángel, luego desfilaron las chicas malas, la más bonita tenía un ojo en la frente, los amigos se regresaron a ver y casi al unisonó dijeron ya esta

Los muchachos entraron a los cuartos hicieron brincar a las putas, sin embargo salieron rápido, salvo Calmito que les hizo esperar casi dos horas, a la final salió despeinado y con una cara de felicidad que no le cabía en el rostro, la operación meretrix resulto un éxito sin muertos y heridos, todo en orden salvo por el chuchaqui que lo asentaron con un ceviche revive muertos

Las notas del himno nacional habían terminado era lunes de minuto cívico en el Colegio Marcel Proust; Calmito luego de concluido el éxtasis cívico se le acercó al Chuchas y le dijo Juan malas noticias estoy escupiendo pus amarilla y mal oliente de mi pene ¿Qué? Dijo Juan –Si Chuchas contestó Samuel no estoy hueviandote  man, si quieres te muestro- te creo te creo- dijo el espabilado a un tiempo que su rostro empalidecía. Los puteros se reunieron  en el primer recreo para ver si les pasaba lo mismo, todos comentaban que no tenían pus sin embargo entraron en desesperación, no era momento de lamentaciones sino de acción

Juan sin tiempo que perder esa misma tarde ubicó una doctora en una parroquia más allá de: De las afueras de las afueras de las afueras del colegio. Esperanza la Doctora  habría de recibirlos al día siguiente; los arrechos sicociados fueron al dispensario cuyo letrero polvoriento  decía: Se cura: Enfermedades Venéreas- Arrugas, Verrugas- Mal de ojos y el Espanto. El consultorio estaba limpio la doctora los recibió cálidamente sus primeras palabras fueron  lacónicas: ¿Chicos alguna infeccioncita que sus papis  no deben saber? Los arrechos bajando la cabeza asintieron. La doctorita Esperanza pidió que se desnuden, luego con una lupa gigante auscultó los penes de los arrechos, les extrajo muestras de sangre de sus brazos, como un vampiro hambriento, al día siguiente los volvió a citar, leyó los resultados salvo el de Calmito los demás eran negativos, sin embargo a todos recetó Penicilina luego habría de volver a realizar exámenes y todo era normal incluso para Calmito; que averiguado por sus amigos confesó que no usó condón aquella noche del : “ Polvo Andino” Que estás loco le reclamó el Chuchas-Samuel, él Calmito, contestó es pecado Juan

Juan quedó encargado por el grupo de arrechos de pagar a plazos los honorarios de la Doctora Esperancita;  con tal motivo habría de visitarla por tres ocasiones; el Chuchas pagó la cuenta sin embargo la doctora lo citó por una vez más, dicha ocasión habría de quedar grabada en la mente del espabilado, al llegar la doctora le pidió  se desnude, arguyó que deseaba revisarlo, tomó la lupa y luego puso en sus manos su joven y viril órgano le dijo está muy bien Juan muy bien ,al punto que me lo comería. El Chuchas sonriéndole le contesto bien puede doctora cuidado se atranca.

Pablo Guerrero Martínez

2014- Febrero- Praga

 

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