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by • March 5, 2014 • RelatoComments (0)584

El Espabilado y la Cartera

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El segundo recreo del Colegio Marcel Proust llegaba a su fin los amigos del espabilado apuraban en sus juveniles bocas las últimas gotitas de vino tinto, espesas, que   saltaban   dentro de botellas de gaseosa negra, escondiéndose  de la mirada torda  del inspector , los sacrificios que la juventud tiene que hacer para tomarse un vinito  decía  él Espabilado riendo; de repente llegó Saulito García  motejado  Pastillin, su apodo le  hacía merito a su debilidad por los estimulantes, arribó  más  nervioso que de costumbre, su apodo no era gratuito el muchacho se había dedicado al terrible régimen de las grajeas mágicas,  su cara tenía el rictus de la angustia, sus ojos desorbitados enfocaban mal las retinas del Espabilado- con voz trepidante, seca, entre cortada Pastillin dijo amigos la regué, perdí mi billetera la desesperación se le vino encima sus rodillas crujían, no soportaban tanto peso , no contuvo las lagrimas que rodaron mejilla a bajo, su angustia lo puso pálido al punto de confundirse con la absurda blancura de los muros- el Espabilado espetó: Pastillin no te angusties es solo una billetera o :  ¿Qué había dentro de la cartera? Pastillin sacando fuerzas dijo: he ahí el problema está llena de estimulantes, droga y mi carnet del colegio.

Pastillin   había sido expulsado  de dos colegios, las autoridades del Marcel Proust lo aceptaron bajo condición, su padre no fue  poca cosa al contrario a esa época  era Fiscal  General de la República, un tipo influyente, provecto de barbas hirsutas pelos raquíticos que le daban aspecto severo, su cargo  le hacía obrar con prepotencia sobre su hijo cuyo descuido con su cartera lo deshacían de cuerpo y alma , sin embargo él Espabilado espetó tengo la solución para tu problema Pastillin, pero primero me juras y re juras que vas hacer lo que  te diga- Saulo aplomándose dijo Ok.

Saulo previo a los sabios consejos del Espabilado fue donde el Inspector cuyo sobaco hedía pungente a cuatro cuadras de distancia;  mirándolo de frente conforme le indicó Juan el espabilado  dijo: Señor Inspector en la cafetería del Colegio me han robado mi cartera  con tres mil sucres y mi carnet estudiantil.- Franklin el inspector del Proust se quedó atónito ante la entereza de la denuncia de Pastillin- asumiendo complexión de investigador balbució esparciendo salivas atomizadas por las rendijas de su dentadura postiza-  personalmente averiguaré sobre su billetera Saulo .

El Espabilado ese mismo día convocó para la tarde  a su casa a: Samuel, Verónica y   Pastillin sobre la alfombra azul marina  de su dormitorio sus invitados encontraron decenas de revistas y tijeras, pidió a sus camaradas recorten todas las letras y consonantes del alfabeto, de distintos tipos, tamaños, colores  y formas, una vez que tuvieron el abecedario completo, sobre dos hojas grandes en blanco  con grumos de goma que se pegaban inevitables en las yemas de sus dedos, el Espabilado compuso dos cartas dirigidas a Pastillin que rezaban:

Saulo a una Mujer No Se La TraTA así

De mi No tE VaS a BURlar

El Espabilado era un gran  amigo, sabía que si en el colegio  Marcel Proust  encontraban la cartera de Pastillin con las” joyitas” que contenía era el  acabose de su  adlátere cuyo destino  aciago habría sido un internado religioso en algún convento de parroquia perdida en  la selva amazónica, exuberante y biodiversa, por ello continuando con su plan los chicos en la madrugada silente arrojaron una piedra de canto rodado  con una cinta negra que adhería la epístola breve y  amenazante hacia el ventanal principal de la casa del Fiscal General; los policías que vigilaban la casa, lóbrega y señera  dormían placidos en sus casetas de hojalata, luego de haber bebido la acostumbrada  infusión en la que Pastillin había colocado somníferos  para que, hasta un elefante  duerma.

 Pastillin al día siguiente visitó por segunda ocasión a Franklin el inspector, su oficina estaba llena de silbatos,  parlantes,  pelotas, banderas y la inconfundible fragancia a sudor macilento que despedía el alma del Lcdo. Franklin; quien al ver llegar a Saulo se incomodó por no tener  novedades del robo, sin embargo Saúl con rostro atribulado que hacía ver sus pecas más grandes espetó Lcdo. : Algo raro sucede mire esta carta apareció  dentro de mi mochila, el Inspector leyó:

“ SaUlo a una MujEr No Se La TraTA así

De mi No tE VaS a BURlar”

La cartera era de cuero, desvencijada,  café tenía varios saquillos Doña Fanny la empleada de la limpieza, gordita , morenita y rechoncha  la encontró ladeada debajo del escusado del baño de hombres, apestaba a orinas ,comunicó de inmediato el hallazgo al Inspector  quien al hurgar la cartera encontró las pastillitas de colores y polvitos blancos- Franklin quedo atónito más aun cuando el ulular de las sirenas  del coche oficial de la Fiscalía General se apeo en la playa de parqueo del Colegio Marcel Proust, había llegado el Señor Fiscal General sin que nadie lo haya llamado, llevaba cara de pocos amigos y pedía hablar con el inspector .

Señor Fiscal sea bienvenido  prorrumpió con tono alambicado Franklin, el padre de Pastillin por añadidura representante de la Vindicta Pública, era hombre inequívoco, no le gustaba andarse con rodeos espetó con firmeza a mi hijo lo están acosando en menos de dos días ha recibido dos cartas anónimas amenazantes, una en mi propia casa y otra en el colegio además como es de su conocimiento prosiguió el Fiscal en este plantel le han robado a mi hijo su cartera.

El señor inspector escuchaba con atención al Fiscal General, a un tiempo que prorrumpía que personalmente  dirigía las pesquisas con motivo de las cartas infamantes, sin embargo se levantó con dirección  al baño, nervioso arrojó las pastillitas y polvo mágicos por el escusado, asumío que la adolecente autora de las cartas había colocado las pepitas y polvitos, tiro de la cadena fuerte, mientras las  píldoras y narcóticos se hundían  por el remolinillo abstruso,  abrió su propia cartera sacó con sus manos temblorosas y húmedas  tres mil sucres que colocó dentro de la billetera de Pastillin, al salir con grandilocuencia y voz en cuello masculló tenga la cartera de Saúl que la recuperé intacta.

Pablo Guerrero Martínez

Praga 5- de arzo-2014

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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