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by • February 27, 2014 • RelatoComments (0)1013

El Espabilado Religioso

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El espabilado tuvo terribles vicios el chocolate la religión y el amor le privaban, le fueron irresistibles podía atragantarse con bombones y hostias, los bolsillos de sus pantalones con frecuencia estaban manchados con chocolate derretido al igual que sus dedos, con el tiempo se haría adicto al amor, las clases de religión en la escuela de pago Marcel Proust fueron sus preferidas, los deberes que Rosaura Antúnez maestra ordenaba no eran los aburridos ejercicios de matemáticas, monótonos y absurdos que Joaquín Saldaña profe de aritmética disponía; el “ Padre nuestro que estás en el cielo…” le causó tamaña inquietud al pequeño; si Dios padre es nuestro como podíamos ser sus hijos reflexionaba , incluso preguntó a Rosaura un día de clases delante de sus compañeros en una mañana fría y encapotada de invierno :¿ Dios es nuestro o somos de Dios? La educadora arqueando sus cejas marrones y delgadas como sus labios frunció el seño gastado y sin trepidar dijo: Juanito somos hijos de Dios sin embargo él Espabilado no quedó contento con la vehemencia de la respuesta y le recordó que la víspera escuchó decir a su madre en casa: “Gracias Dios mio “luego que su abuela salió de la sala de operaciones con vida.

Las primeras comuniones en el Marcel Proust eran un acontecimiento más social que religioso, sin embargo él Espabilado desde pequeño tuvo inclinación por lo espiritual y no le cuadraba muy bien eso de recibir el cuerpo y sangre del hijo de Dios, la imaginación del chiquillo volaba al cielo , se veía tomando sangre caliente roja y espesa ,masticando con su propia boca carne humanamente divina con costras y pus , le daba asco tamaña vulgaridad, no abstraía con claridad la transubstanciación, tampoco quería volver a equivocarse con eso de la sangre, que semanas atrás le había provocado arcadas; cuando el profe de ciencias sociales explicó la batalla de Yaguar Cocha entre : caranquis e incas. Renato Chávez el maestro de historia tenía el don de la palabra su verbo fluido estimulaba la fantasía de los párvulos, los trajes que usaba le quedaban grandes, sus mangas terminaban diez centímetros arriba de sus escuálidas muñecas, la tesitura de su voz era grave el ritmo pausado, apoyaba sus relatos históricos con laminas multicolores y mapas, un día soleado en las primeras horas de clase el Lcdo. Renato espetó que Yaguar Cocha significaba en español: “Lago de Sangre” por los miles de muertos sangrantes y heridos caranquis que los peruanos arrojaron a las gélidas aguas tiñendo así la laguna de sangre.

Él Espabilado al oír: “Yaguar” preguntó con frugal inocencia al Lcdo. Renato: ¿Que significaba: “ Yaguar Locro”? el educador esbozando una leve e insignificante sonrisa balbució: “ Locro de Sangre” para luego explicar que Yaguar locro era un caldo de papas con sangre frita de borrego , al borde de terminar la explicación él Espabilado hubo de vomitar copiosamente , hasta por los ojos pues el último fin de semana había saboreado tan exótica sopa que no volvería a repetir hasta el final de sus días.

La confesión era ineludible para que los chicos del tercer grado B de la escuela Marcel Proust reciban la primera comunión, filas interminables de niños peinados con esmero y kilos de brillantina sobre su pelo bien uniformados como ángeles de todos los cinco paralelos se atiborraban en el templo del Girón, los curas no se daban abasto para tantos: “ pecadores” al llegar el turno a Juan el Espabilado le embargó una profunda angustia porque no sabía que pecado confesar , cuando entró al confesionario de madera con asientos de terciopelo lila , el sacerdote inquirió con voz flemática y austera niño : ¿ Que pecado tienes que confesar? Él Espabilado guardó silencio, el religioso insistió que pecado tienes que confesar, Juan musitando dijo ninguno; el cura que él tiempo le iba corto dijo mecánicamente: reza de todas formas diez padres nuestros, él Espabilado replicó ya no solo es un Dios padre, sino varios- diez padres nuestros se dijo para sus adentros- salió del habitáculo confesional mas angustiado, porque al día siguiente habría de beber sangre y carne no de un solo ser divino sino de toda una gavilla de seres celestiales, litros de linfa sangrada debía apurar por su garganta.

Una vez recibida la comunión sus ideas se diluyeron no bebió sangre ni comió carne, por lo que viendo al cielo transido digo: Gracias Dios mio.

Pablo Guerrero Martínez.
Praga-27 de febrero-2014

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