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HUMILLACION

by • September 22, 2014 • RelatoComments (0)1588

De Rodillas Señor

HUMILLACIONDe rodillas noooo
Doña Luzmila madre del Lucho mujer entrada en carnes y años se tiró de rodillas al suelo, no para rezar dentro del templo sino en media calle. Las rodillas sonaron como bisagras oxidadas cuando se hincó. Las rotulas yacían rojas llenas de ripio cortante le pincharon como agujas.
 
Gorda como le dicen sus amigas a Luzmila musitó con un hilo de voz tristemente deshilachado: Perdón señor mi hijo no es delincuente. Sobre las mejillas gorditas y trigueñas de la señora rodaron miles de lágrimas apenadas. Cayeron junto a sus meniscos, después fueron a rezumar por las alcantarillas de hierro, fue tanto el llorar de Luzmila que el cuerpo de bomberos se personó al lugar. Los zaguanes de las casas vecinas se anegaron.
 
El viejo capitán de bomberos Don Jacinto en su larga vida profesional no había visto algo así. Dijo a los subalternos con voz crujiente que fueran por las bombas. Estos aparatos no lograron chupar las secreciones de Luzmila, al contrario se dañaron al succionar sus lágrimas. Dejaron de funcionar.
 
El llanto de Luzmila (madre) del lucho que estudia en el Montufar lejos de menguar contagió a la María; el de la María a la Pancha; el de la Pancha a la Rosa y así, muchas madres comenzaron a llorar por sus hijos. El Zumbido acuoso creció de norte a sur, de sur a norte, de oriente a occidente también creció.
 
Frente a los retenes miles de madres transidas de rodillas clamaban: Señor te pedimos perdón nuestros hijos no son delincuentes.
El llanto de las madres sumergió a la capital en dolor. Al “Señor” no le mosqueaba la piedad que de él las señoras pedían, al contrario parecía disfrutar de aquel dolor.
 
Luzmila logró visitar a su hijo el fin de semana en la prisión y esto fue lo que Luis le dijo:
Madre la amo y la respeto pero por favor deje de llorar que la ciudad se inunda y con ella la Libertad, Después hablándole al oído espetó………
 
Luzmila al salir de la visita penitenciaria lucia diferente, un aura de dignidad se le había impregnado en el rostro, después de la conversa con Luis su rictus lucia apacible y rebelde. Al verla las otras madres de los estudiantes se inquietaron. La Pancha se le acercó y le preguntó porque has dejado de llorar- Luzmila le hablo al oído……. La Pancha sonrió.
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Las madres una a una se hablaron al oído…. Dejaron de llorar.
Lo que se dijeron me lo comentó la Rosa, a riesgo de infidente venga el chisme….. : A trabajar en el Paro Cívico Nacional de pies se dijeron al óido. No de rodillas.
 
Pablo Guerrero Martínez.
22 de Septiembre-2014
Praga desde el exilio.
happy wheels

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