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correa chino

by • January 7, 2015 • RelatoComments (0)1003

Correa: Entre Yerros y Entierros

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En la vieja casa del Aguarico las noches de plenilunio cuando Don Timoteo dormía junto a su joven esposa si se oían pasos en el sótano. También las ventanas del soberado se abrían de par en par aunque las había cerrado temprano. Estas palabras salían de la boca de Jacinta la provecta empleada domestica de mi abuela Peregrina. La Chinta como le decíamos con cariño debió dedicarse a la literatura. Alineaba los cuentos con mayor sabor que la sopa de legumbres.
 
Rosario la esposa de Timoteo atribuía los sonidos en la residencia a dos almas en pena de sus mayores, cuyas vidas disolutas habían dado que hablar. Los cotilleos los habían pervivido . Los espíritus vagaban por los corrillos de la casa. Pidiendo en sus nombres misa dominical. Decía Jacinta. Adoptando su cara un rictus solemne de espanto que me ponía los pelos de punta.
 
Peregrina tenía la versión oficial espetaba: Homero tío abuelo de Rosario en uno de sus viajes a Panamá encontró junto con su amigo Alfred Bishop en la playa cuatro cofres lleno de libras esterlinas. Decidieron dividir el tesoro en partes iguales. Homero transportó el hallazgo en barco hasta Guayaquil y luego  a lomo de jamelgos trajo las monedas a Quito. Las introdujo en una pared con doble fondo. Después viajó a Lisboa.
 
El barrio del Aguarico se dañó y Rosario sin saber del entierró. Arrendó el inmueble a un tal: Filomeno Lizarzaburo. Filomeno vestía siempre de traje y llevaba encasquetado un sombrero bombín negro. Instaló en la casa un salón de putas de alto copete.
 
La pared del tercer piso de la casa convertida en prostíbulo acusaba humedad. Pese a las reparaciones continuas el moho purulento y sifilítico ganaba la batalla hasta que, un día en un día domingo de enero en que: Filomeno descansaba cómodo en una de las habitaciones del segundo piso escuchó un ruido ensordecedor. La pared del entierro donde Homero escondió el tesoro se había venido abajo.
 
Lizarzaburo se personó ante la pared desplomada: maldiciendo y echando ajos. Hasta que vio el cofre abierto por una viga madre que le cayó encima. Dentro del arcón yacían impertérritas las libras esterlinas.Filomeno se volvió loco. Asumió ser predestinado y gastó las monedas con desenfado. No guardó los metales. El tren de vida que llevaba para la época era propio de un Dandi. Compró a tontas y locas más casas para extender sus prostíbulos. Lo hizo a lo largo y ancho de la patria. Las putas lo adoraban, los cabrones lo propio. Empero Filomeno gastó y gastó como nuevo rico. La plata no aguantó.
 
Filomeno desesperado pidió prestado a un famoso chulquero de la época cuyo apodo era él: Chino Mandarín. Hipotecó  sus propiedades.
 Las perdió. Los bisnietos de Lizarzaburo ahora ya no llevan su apellido . Todos son Chang.
 
 
Dr. Pablo Guerrero Martínez
Praga-7 de enero-2015
Desde el exilio.
 
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