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cura

by • January 17, 2014 • RelatoComments (0)487

Confesiones de un Compañerito

Confesiones de un Compañerito

Soy Juan de la Jipijapa nací en el  63 los panas me llaman Johny y mis padres en cuya casa vivo desde siempre cuando me porto mal  mi dicen Juan Alfonso. Me gusta el chisme de pelado fui criado por mi abuela  de ella aprendí a ver  tras los visillos livianos  sin ser visto y escuchar tras los  biombos sin que nadie se de cuenta. La abuela , provecta carcamal,  supo  vida y milagros de medio mundo su mundo era pequeño su imaginación y lengua largas, alcanzó los noventa y cinco años de edad de  buen barro estuvo hecha la vieja

 Los domingos desde hace fu! Voy a misa ayudó a pasar la canastita  de las limosnas cantó con el Padre Manuel.- El Gracias a la Vida y él Como no creer en Dios- También lo acompaño con la guitarra, me inicié en la fe desde niño, incluso fui monaguillo, estudie en el San Gabriel  luego no terminé  antropología   en la Católica , provengo de la izquierda cristiana igual que él Rafael

El jueves fui a la iglesia a ver al padre Manuel que además es mi amigo y confesor. Es un cura esférico a veces brillante otras veces shunsho. La sotana lo hace ver más ventrudo de lo que es, su piel es como el color de la  tierra mojada, obscura acusosa. El padre Manuelito acusa una calvicie inagotable las moscas aterrizan sobre ella. Manuel no para con su mano derecha de infringirse chirlazos para espantar  moscas  que muertas y  aplastadas quedan  en su frente

 Hola Juan que te trae por la iglesia espetó Manuel- Contesté.- padre quiero confesarme- Manuel él clérigo contestó ahora no, que voy a dar los santos olios a una vecina que no acaba de morir. Mis pecadillos debían esperar, la moribunda tenía prioridad. Por lo que dije a Manuel él cura- tranquilo padre vaya con Dios.- Manuel preguntó: ¿Puedes cuidarme la iglesia mientras voy a volver? Contesté ni más faltaba

Manuel en su infinita ingenuidad me ha dejado solo en su dormitorio, ubicado contiguo al templo, previo a marcharse me dijo- luego de los santos olios debo pasar por la Conferencia Episcopal- estaré de vuelta en tres horas. Juan al encontrarse íngrimo  en el cuarto del sacerdote empezó a husmear, le impresionó la cantidad de libros en latín traducidos al español; sobre todo los cientos de estampas de santos aupadas en peañas empotradas en  las paredes. Su curiosidad le hizo abrir las puertas del armario donde encontró varias sotanas, se chantó una tras otra, viéndose al espejo, jurándose obispo  quien sabe arzobispo acaso cardenal

Dos golpes desecados sonaron en la puerta del dormitorio de Manuel él cura. Juan oyó una voz que le dijo Padre buenos días. Johny  al verse ataviado de padrecito, de religioso, asumió ser tal.-El visitante prorrumpió: Padre quiero confesarme- Id al confesonario  contestó Juan. El confesionario olía a palo santo, el terciopelo de las desvencijadas butacas color purpura estaba raido por el tiempo, sin embargo confesor y confesante tomaron asiento, al hacerlo las maderas crujieron, el artesonado de la rejilla del habitáculo apenas dejaba ver los perfiles de las sombras de sus rostros

Padre masculló el pecador una vez más. Necesito su ayuda, soy Juez de la nueva justicia revolucionaria balbuceo   el confesante- a un tiempo que Juan Alfonso el cura de marras puso atención y le dijo continuad hijo continuad.- El tono de voz del magistrado verde se tornó carrasposo, avergonzado, sacó fuerza comentó: He condenado  gente inocente como terroristas cuando no lo son- He absuelto corruptos que se han levantado con dineros públicos- Padre si no lo hago pierdo mi trabajo, mis hijos no tendrían que comer. Mi esposa no podría ir al club ni yo al puticlub : ¿Qué debo hacer padre matar de hambre a mis hijos privar a mi consorte de sus amistades no darle gusto a mi cuerpo o ser fiel a la revolución?

Juan Alfonso él cura impostor  jactandóse contestó hijo mio aquellos son pecados leves luego prosiguió:

“Extra Ecclesiam  nulla salvus” Fuera de la iglesia nadie se salva- Fuera del correismo nadie se salva luego concluyó obrasteis con sabiduría te absuelvo  hijo mio…

Dr. Pablo Guerrero Martínez

17 de enero del 2014

Praga desde el exilio

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