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by • April 24, 2014 • RelatoComments (0)649

Caramelo Amargo. (Mi Doctor)

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La máquina envolvedora de caramelos que arropaba los confites en papel fue un magnifico monstruo de hierro gris. Resoplaba como dragón enojado a veces bufaba como un gran tauro excitado en busca de vacas en celo. Los hermanos Bourgeois de ascendencia francesa la cuidaban como a una princesita de cuento de hadas que algún día sería coronada como reina. La envolvedora tenía dientes muy filos, enormes, brillaban. Segisfredo el mayor de los hermanos fue por largo rato gerente de la fábrica: “Golosinas Napoleón Bonaparte”. El prestigio de la factoría no era poca cosa al contrario traspasó las fronteras.
La gran vocación de Segisfredo no fue la de hombre de negocios sino de filósofo. Afrontó la administración de: “Golosinas Bonaparte” con éxito. Cuando mi doctor y yo lo conocimos Segisfredo tenía cuarenta y cinco años. Vestía vaqueros azules, su pelo anaranjado plomizo se defendía de una calvicie prematura, su nariz de punta etrusca llena de huequitos era grande como una inmensa pera, su mirada vivaz daba la impresión que leía nuestros pensamientos, al menos el mio, su verbo oportuno y fluido daban cuenta que Segisfredo era un tipo inteligente.Segisfredo expuso a mi doctor el motivo que lo condujo a visitar el estudio. Fue directo al punto sin embargo matizaba su dialogo sobre la base de ejemplos psicológicos que graficaban el comportamiento de su hermano Clodoveo; por dos horas breves que volaron aladas y raudas nos habló del celo edipico que se da entre hermanos: “Mi doctor la historia de Caín y Abel no terminará nunca” Espetó Segisfredo a un tiempo que mi jefe comentó: “Los casos más dolorosos son los de herencias” después dijo: “ Los hermanos en disputa mas allá del dinero se sacan los ojos como cuervos por el reconocimiento de sus padres muertos cosa inútil e imposible” sentenció.

Segisfredo prorrumpió: “Mi hermano Clodoveo demandó a mi madre y mi hermana. Quiere más de las utilidades que le corresponden del negocio; incluso logró que un juez ordene se lleven la envolvedora de los caramelos que es el corazón mismo de nuestra fabrica. El cliente hizo una pausa para apurar un trago de agua en sus labios secos luego continuo: “La envolvedora la hemos pagado los socios de la compañía por partes iguales sin embargo Clodoveo dice le adeudamos por no reconocer el montaje de la maquina. Clodoveo es ingeniero mecánico “concluyó Segisfredo.

La madre y hermana de Sigfrido llegaron a la oficina al día siguiente estaban tristes. La mayor sin embargo tenía el porte de una amazona provecta sin dobleces reconoció que Clodoveo obraba llevado por la mala influencia de su nuera: “Mi Clodi es un buen chico doctor la esposa le empuja a demandarme nunca tuvimos buena relación “ La hermana, Ludovica frisaba los treinta cinco años usaba tacones altos y una minifalda que dejaba ver sus muslos firmes, sus labios eres carnudos, su pelo ensortijado, su nariz recta, su vocecita tenía la misma textura que los caramelos que producía. Tenían sabor a menta limón y miel. Masculló: “Amo a mis dos hermanos pero Clodoveo esta hechizado por mal de amores su esposa no le favorece”.

Los juicios duraron dos años y algo más uno de ellos fue decisivo para llegar a un acuerdo. Clodoveo fue el anterior gerente de la compañía y no rindió cuentas a los socios. Mi doctor lo arrinconó por ese flanco que reveló que Clodi tenía más cuentas por pagar a favor de: “Golosinas Napoleón Bonaparte” que cobrar; empero allende los triunfos jurídicos la familia Bourgeois quedó fracturada. Nada sería como en los antiguos días donde la armonía y los dividendos los unía.

Clodoveo visitó la oficina de mi doctor el parecido físico que tenía con su hermano Segisfredo llamaron mi atención; dos gotas de agua la una trasparente y la otra enturbiándose pero aún con residuos cristalinos. Clodi también acusaba un nivel intelectivo digno de mejor suerte. Balbució con un timbre de voz punzante: “Doctor la envolvedora la armé yo, la traje de EEUU yo, la probé yo, como usted sabe soy ingeniero mecánico”. La mirada opaca del Ingeniero cada vez que hablaba de la tal envolvedora brillaba. Mi doctor lo miraba con atención después prorrumpió: “Ingeniero Bourgeois advierto en sus palabras un dejo de fetichismo para con la tal envolvedora parecería que usted se ha enamorado de ella como si fuese su primer amor” después mi doctor adoptando aires de: “Confesor Laico” y desde la Atalaya del triunfo procesal manifestó: “La envolvedora es solo una maquina no es su madre a quien usted demandó”.

Clodoveo transfiguró su rostro hizo fondo agachó su cabeza las muestras de arrepentimiento eran inequívocas empero sacando fuerzas mascullo: “Mi presencia en esta oficina obedece a firmar el acuerdo así que le pido abogado me diga donde debo plasmar mi rubrica” Mi doctor con mirada glacial afirmó: “Su madre me pidió que como parte del arreglo usted se quede con la maquina envolvedora” El ingeniero se desató en llantos. Hipeaba parecía una criatura sin embargo mi doctor no se inmutó y con sobriedad pronunció: “Es el deseo de su madre no el mio hemos ganado el pleito como usted sabe pero la Señora Viuda de Bourgeois no quiere saber nada de esa máquina dice que esta maldita” Mi doctor prosiguió: “Sus hermanos han importado una nueva envolvedora no quieren saber nada de usted la cesión de sus participaciones en  favor de ello estará lista para el día de mañana en la notaria”.

Al año de la celebración transaccional hube de visitar a mi padre en la Clínica Curie. Le extirparon la vesícula. Recuerdo con nítida claridad esa fecha veinte y cinco de abril de 1999. Un año antes acompañe a los Bourgeois a la notaria para cerrar la escritura contentiva del acuerdo- veinte y cinco de abril de 1998-. El post operatorio de mi progenitor no estuvo exento de complicaciones sin embargo su fortaleza provocó que las parcas se ahuyenten; sin embargo quede transido ante la efímera vida. Al salir de la clínica llegó una ambulancia sus sirenas ululaban frenéticas. Los paramédicos abrieron las compuertas traseras del coche. Bajaron la camilla fría de metal sobre esta yacía pálido Clodoveo Bourgeois su mano derecha sangraba copiosamente. No pude resistir me acerqué y le pregunte: “¿Que le pasó ingeniero? “ Clodoveo me miro y contestó: “Mi Doctor metí la mano en la envolvedora me la cortó”.

Pablo Guerrero Martínez.
Praga-24 de abril-2014

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